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MACHESTER UNITED

Todos hemos oído hablar en alguna ocasión del accidente de avión del Manchester United, del que sobrevivió el que para muchos es el mejor jugador inglés de toda la historia, Bobby Charlton. Sin embargo, todo lo que rodeó aquella tragedia es sumamente interesante. Hubo un antes y un después en la historia del mítico club.

Era el día 6 de Febrero de 1958. El Manchester United acababa de eliminar al Estrella Roja de Belgrado y se había clasificado para la semifinal de la Copa de Europa. Un equipo de ensueño, liderado por Duncan Edwards,  estaba a punto de iniciar una gloriosa andadura. Edwards era un auténtico fuera de serie. Con tan sólo veintiún años ya era titular indiscutible con la selección de Inglaterra. Era el líder del equipo. Despuntó con su clase desde que era un niño; de hecho, el Manchester United le había seguido desde que jugaba torneos escolares. Con aquel joven crack como máximo exponente, su equipo, el United, estaba a tan sólo un paso de llegar a la final de la Copa de Europa. Únicamente tenían que eliminar al Milán en las semifinales.

Aquella fría noche las condiciones atmosféricas no eran las mejores para viajar. Aún así, aquel avión que tuvo que hacer escala en Munich para repostar. Al iniciar de nuevo la marcha, intentó despegar hasta en tres ocasiones. Cuando finalmente lo consiguió, la concentración de aguanieve al final de la pista provocó la deceleración del avión, que no tomó la suficiente altura, provocando que cayera y se estrellara.  La colisión fue brutal. Hubo veintitrés fallecidos, entre ellos, siete futbolistas del primer equipo y el propio Duncan Edwards, que falleció dos semanas más tarde. Dicen que el mejor Manchester United de todos los tiempos desapareció aquel día.

El golpe emocional fue durísimo para el equipo, para la afición y para la institución. Todos guardamos aún en nuestra retina los emotivos homenajes que el fútbol español dedicó recientemente, tanto al sevillista Puerta como al españolista Jarque, tras sus respectivas muertes. Basta recordar los silencios desgarradores de aquellos minutos de silencio que se les dedicaron,  para intentar imaginarnos cómo pudo vivirse aquella desgracia en tierras inglesas. Sin duda alguna, fue un mazazo, mortal de necesidad, para el club, la ciudad y el país. Pero la vida no da tregua ni consiente pausas. Sigue adelante y bajo esa máxima, las competiciones tenían que continuar disputándose. El United tuvo que hacer frente a las mismas con jugadores reservas, futbolistas del filial y un heróico acopio de coraje.

El primer partido tras la tragedia, enfrentó al United y al Sheffield Wednesday. El resultado fue favorable a los primeros por un contundente 3-0. Sin embargo, aquel partido será recordado por un panfleto, tan sencillo como emotivo, que sirvió de homenaje a los fallecidos. Habitualmente, antes de cada partido, se repartía uno con las alineaciones de los dos equipos. En aquella ocasión, el panfleto que recogían los aficionados de Old Trafford, tenía la columna de los jugadores del Manchester United totalmente en blanco.

La competición europea también continuó. En la semifinal de la Copa de Europa, el United hizo valer el factor campo en el partido de ida para imponerse, pese a todo, al club italiano por 2-1. Sin embargo, cayeron en la vuelta en tierras transalpinas, esfumándose toda ilusión.

El entrenador, Matt Busby, que había entrenado al Manchester United desde el año 1945, decidió abandonar el mundo del fútbol tras la tragedia aérea . Sin embargo, aquel verano se disputó el Mundial en Suecia. Aquel Mundial fue histórico por dos razones: la primera es que fue el primero en ser televisado; el segundo fue la exhibición de Brasil. Matt Busby, tras observar maravillado el espectáculo dado por Pelé, Garrincha y Zagallo, entre otros, se volvió a enamorar del fútbol, recuperando milagrosamente la ilusión por entrenara. Así cogió un equipo plagado de muchachos jóvenes, apodados posteriormente los “Busty Babes”, y les puso a jugar. La media de edad de aquel equipo rondaba los 22 años, ya que la política de su entrenador era hacer jugar a los juveniles en el primer equipo cuanto antes. En un intento de vincular a los jugadores totalmente a la institución, les asignó también tareas administrativas. Aquella novedad fue un golpe de efecto. Los jugadores sentían que eran el club.

El experimento de Busby funcionó  y los éxitos acabaron llegando. Así, en 1963 ganaron la Copa inglesa. Dos años más tarde fueron campeones de la liga inglesa,  hazaña que repitieron en 1967. Un año después les hizo campeones de Europa. Aquella nueva generación, liderada por Bobby Charlton y George Best, se hizo con el cetro europeo en el año 1968, al derrotar al Benfica portugués por 4-1. El Untited era, otra vez, un grande en Europa.

Old Trafford, el estadio del Manchester United, al que Bobby Charlton llamó un día  “El teatro de los sueños”, tiene un reloj que marca la hora del accidente de avión producido aquel 6 de Febrero de 1958. Aquel día,  el destino nos privó del talento de  Duncan Edwards  y de siete futbolistas más, que seguramente hubieran marcado una época. 

La historia reciente del United ha estado llena de ídolos. Wayne Rooney, Cristiano Ronaldo, David Bechkam o Eric Cantoná son algunos de ellos. A todos se les ha comparador con Bobby Charlton. Sin embargo, Sir Charlton sólo alabó en grado superlativo el juego desplegado por uno de ellos. Aquel mito del United no era otro que Duncan Edwards. De él llegó a decir lo siguiente: “Duncan Edwards fue el único jugador que me hizo sentir inferior”. Es una lástima que el destino, siempre caprichoso, nos haya privado del espectáculo de ver jugar a quien estaba llamado a ser una estrella del fútbol mundial. Quizá su prematura muerte haya alargado su figura. Eso nunca lo sabremos.

                                                                                                  Jorge A. González Rodríguez


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